En Pedro Abad hay tradiciones que no solo se celebran: se proclaman a voz en grito. Y pocas lo hacen con tanta personalidad como su romería en honor a Santiago el Menor, donde una palabra -“chorchos”- se convierte en seña de identidad colectiva, reclamo festivo y eco de siglos de historia.
El grito que despierta al pueblo
“¡Queremos chorchos!”. No es una consigna improvisada ni una moda reciente. Es el grito de guerra que marca el pulso de una de las celebraciones más singulares de la provincia de Córdoba. Detrás de esa palabra -que en otros lugares designa simplemente a los altramuces- se esconde una tradición que, según la memoria popular, se remonta a los orígenes del municipio, con referencias que sitúan la romería ya en el año 1235.
El programa de 2026, organizado por el Ayuntamiento, se desarrolla entre el 25 de abril y el 1 de mayo, combinando actos religiosos, convivencia vecinal y una liturgia festiva donde los “chorchos” adquieren protagonismo absoluto.
Un ritual que empieza en los colegios
El momento más curioso llega el 30 de abril con la jornada bautizada, precisamente, como “Queremos chorchos”. A partir de las 11:00 horas, la comitiva oficial parte del Ayuntamiento encabezada por autoridades locales, el hermano mayor de la asociación y una figura tan pintoresca como esencial: el “tío del tambor”.
Este personaje, armado con su instrumento, guía un recorrido que pasa por colegios, guarderías e institutos, recogiendo a los niños del pueblo. La escena, mitad desfile, mitad llamada ancestral, desemboca en la Plaza de Andalucía, donde aguarda el momento más esperado: el reparto de 600 kilos de chorchos.
Niños, mayores y curiosos reciben su bolsita de este producto humilde pero cargado de simbolismo. En total, se distribuirán miles de raciones, incluyendo un gesto especialmente significativo: bolsas destinadas a personas mayores o con movilidad reducida, que recibirán los chorchos en sus hogares a través del servicio de ayuda a domicilio.
De la devoción al festejo
La romería propiamente dicha tendrá lugar el 1 de mayo. Desde primera hora, la Plaza de Andalucía se llena de carrozas y caballos que participan en concursos antes de iniciar, a las 10:00, el camino hacia la ermita de Santiago, situada a poco más de un kilómetro del casco urbano.
Allí se celebrará la misa en honor al patrón, oficiada por Manuel Millán Serrano y cantada por el coro Flor de Jara, antes de dar paso a una jornada de convivencia que define el espíritu de la romería: cada grupo con su espacio, pero con la sensación de compartirlo todo.
Este año, además, la celebración tiene un carácter especial: se conmemora el 25 aniversario de la ermita, lo que ha reforzado la programación con actuaciones musicales, ambiente festivo y detalles conmemorativos como el reparto de unos 2.300 abanicos.
Una tradición que se canta, se baila… y se saborea
Los días previos también tienen su peso litúrgico, con cultos en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción los días 29 y 30 de abril. Las fiestas arrancaron el pasado 25 de abril con una misa a las 20:00 horas, oficiada por el párroco Manuel Millán Serrano y cantada por el coro Flor de Jara. Durante la celebración tenía lugar el traspaso de cargos de abanderado, hermano mayor y estandarte. Posteriormente se celebró una procesión festiva por distintas calles del municipio, que culminó con una verbena en la Plaza de Andalucía.
Pero, entre procesiones, música y devoción, hay un elemento que lo vertebra todo: los chorchos. Más que un alimento, son una contraseña cultural. Una palabra que cambia de forma -chochos en otros lugares, chorchos en Pedro Abad- y que aquí adquiere un significado propio, casi identitario.
Porque en este rincón cordobés, la tradición no solo se conserva: se reparte en bolsas, se canta en la calle y se grita con orgullo. Y cada primavera vuelve a escucharse, clara y contundente, la voz de todo un pueblo: “¡Queremos chorchos!”.



